La pobreza energética y el cambio climático son los dos retos del 7º ODS 

José Luis López es Licenciado en Ciencias Ambientales, actualmente director de proyectos de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), organización fundada en el año 1997. Durante su experiencia profesional ha trabajado principalmente en organizaciones del tercer sector, coordinando proyectos y equipos de trabajo en áreas de vivienda, eficiencia energética y medio ambiente.

José Luis López, Director de Proyectos de la Asociación de Ciencias Ambientales – ACA

Como responsable del área de Cambio Climático y Transición Energética de la Asociación de Ciencias Ambientales ha dirigido proyectos ligados a la rehabilitación energética de edificios como los proyectos REPEX, HABILITA o GENERIS, la movilidad sostenible, como el proyecto DesAUTOxícate, ganador de 4 premios y es coautor, entre otros, de los cuatro estudios realizados por ACA en 2012, 2014, 2016 y 2018 sobre la Pobreza Energética en España.


Quisiera empezar por apoyar este artículo en el Séptimo Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS), relativo a la “Energía asequible y no contaminante”.

Objetivo de Desarrollo Sostenible número 7: Energía asequible y no contaminante

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son una serie de objetivos globales que en septiembre de 2015 se marcaron los líderes mundiales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos y en concreto, en el ODS 7 se resume gran parte de lo que recogeré a continuación.

En el texto del ODS 7 (energía asequible y no contaminante) se indica que “el acceso universal a la energía es esencial”, sin embargo, a pesar de ello el 13% de la población mundial no tiene acceso a servicios modernos de electricidad y más de 300 millones de personas, dependen de fuentes como la madera, el carbón o los propios desechos animales para cocinar y calentar su comida.

Cada uno de los ODS estableció una serie de metas que se pretenden alcanzar tras 15 años (en 2030) y una de las que recoge el ODS 7 es que en 2030 exista un acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos. Lo que me planteo y os planteo es ¿Lograremos alcanzarla? Quiero pensar que sí, pero creo que queda mucho camino por recorrer, incluso en países desarrollados como el nuestro. Voy a explicaros por qué.

Probablemente hayas escuchado hablar de la pobreza energética.

A lo largo de la última década he ahondado en el conocimiento de este problema, en las formas de cuantificarlo y en la búsqueda de soluciones para erradicarlo y creo que, mientras exista un solo hogar que lo padezca, no habremos alcanzado la meta del ODS.

Aunque no sepas una definición exacta, seguro que asociarás este problema a aquellas personas o familias que tienen dificultad para pagar o utilizar la energía que necesitan, lo que les está “obligando” a pasar frío en sus propias casas, a retrasarse en el pago de los recibos energéticos o incluso a sufrir cortes de suministro y poner en riesgo su salud. La pobreza en nuestro país, por tanto, está asociada principalmente a un problema de capacidad del pago. Existe otra perspectiva del problema cuando nos situamos en otros países del mundo, especialmente en los países del sur mundial, donde la pobreza energética es algo aún más primario que un problema de asequibilidad. La pobreza energética existe porque ni siquiera los hogares tienen garantizado el acceso a fuentes de energía modernas como la electricidad. Es decir, la desigualdad es tal que en estas regiones del planeta no es que no se pueda asumir su precio, sino que no se puede acceder al propio suministro.

El problema de una familia en situación de pobreza energética en España puede hacerse visible por la la necesidad de destinar un alto porcentaje de los ingresos al pago de la energía o por tener que reducir al máximo el consumo, con el fin de poder pagar la factura a final de mes. El problema de una familia en situación de pobreza energética que pertenezca a los 1.000 millones de personas en el mundo que carecen de electricidad en sus casas, está un escalón por debajo de la incapacidad de pago. Aunque en la bibliografía se denomine en ambos casos como una situación de pobreza energética, el primero de ellos hay un problema de asequibilidad, mientras que en el segundo hay un problema de acceso, que en algunos casos se ha dado en denominar como “pobreza energética extrema”. Las soluciones para este problema, por tanto, serán muy diferentes, debido a la desigual situación de partida con la que nos encontramos.

Nuestra vida cotidiana depende de servicios energéticos fiables y asequibles para asegurar el acceso y uso de la energía de forma equitativa. Quizás los que tenemos la suerte de vivir en un país que tiene garantizado (salvo excepciones) el acceso a fuentes de energía modernas, no somos del todo conscientes de las oportunidades que ello nos ofrece; nuestras empresas, nuestra movilidad, la agricultura y alimentación, las infraestructuras, la tecnología, dependen de estos servicios energéticos. Por ello, quienes no lo tienen, ven limitado su desarrollo económico y humano. La falta de acceso a la energía incrementa la brecha de la desigualdad entre regiones.

Siendo palpable el problema de la pobreza energética en diferentes regiones del planeta vuelvo al pensamiento antes transmitido. Y es que el hecho de que en 2016 en nuestro país más de 2,8 millones de personas sufrieran retrasos en el pago de los recibos o que más de 900.000 sufrieran la desconexión forzosa o voluntaria de alguno de sus suministros me hace seguir pensando que, incluso en el contexto de los países desarrollados, estamos muy lejos de alcanzar las metas propuestas para el ODS 7.

Creo que sólo se podrán cumplir plenamente cuando se garantice el “acceso universal” a energía que sea “asequible”, “fiable” y “moderna”. Sin cualquiera de los adjetivos descritos el ODS 7 se queda cojo, en cualquier parte del planeta. Además, no podemos olvidar otra componente; el mayor reto al que nos enfrentamos nuestra generación; el cambio climático.

Quizás nuestra generación sea la primera que viva las consecuencias del mismo y la última que pueda evitar que estas sean devastadoras.

Porque imaginemos que alcanzamos el objetivo de garantizar el acceso universal a toda la población mundial, que proporcionamos acceso global a la electricidad para todos los habitantes del planeta a un precio aparentemente asequible. Pero imaginemos que lo conseguimos a costa de utilizar sistemas de generación contaminantes, que no están teniendo en cuenta las externalidades ambientales. Si elegimos esta senda proporcionaremos acceso universal y habremos dado un gran paso, pero a costa de ignorar el cambio climático y de hipotecar el futuro de las próximas generaciones.

Por ello el ODS habla de energía no contaminante, porque el consumo de ésta representa en torno al 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero que se producen en el planeta y gran parte de la responsabilidad de este impacto recae en los países desarrollados que cometimos y seguimos cometiendo el error de asegurar el acceso universal a nuestras poblaciones sin tener como prioridad la sostenibilidad del planeta. Por tanto, no tenemos todo el trabajo hecho si estamos ignorando la amenaza climática o si millones o incluso decenas de millones de personas, en un país como España, se encuentran padeciendo consecuencias asociadas a la pobreza energética por tener problemas para asumir los costes de la energía. Los mercados libres o regulados deberían evitar que millones de personas en España tengan problemas de asequibilidad con un bien imprescindible como es la energía y los modelos energéticos deberían asegurar la sostenibilidad de la energía que vamos a consumir. Es el doble reto al que creo que nos enfrentamos al hablar del ODS número 7.

Y me detengo aquí para cerrar este artículo.

La existencia de situaciones de pobreza energética y la fuerte dependencia energética de energías fósiles en países como España pone de manifiesto que incluso en los países desarrollados estamos aún lejos de garantizar el ODS 7, aunque tenemos la capacidad de revertir los errores. Así mismo, en los países en los que ni siquiera tienen garantizado el acceso a toda la población, se abre también una ventana de oportunidad, un reto en el que todos los países se deben implicar: garantizar el acceso a los millones de personas que no lo tienen, cumpliendo todas las premisas que recoge el ODS 7 y considerando el futuro de nuestro planeta. Existe la tecnología y el conocimiento suficientes para lograr este reto, por lo que afrontarlo se convierte en una cuestión de voluntad y de valentía de los líderes mundiales.

Creo que es posible no dejar pasar esta oportunidad.

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España suspendida

Grado de cumplimiento o incumplimiento (más bien) de los ODS en España…

@Javpolo

España, a día de hoy, no aprueba ninguno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que fueron aprobados por Naciones Unidas en el año 2015. Se sitúa así en el puesto 25 de los 193 países miembros de este organismo (lo que da una idea además del grado de cumplimiento de los mismos en toda la comunidad internacional).

Los ODS son una hoja de ruta para que todos los países del mundo trabajen por un desarrollo humano sostenible, donde se alinean, por primera vez,  los objetivos de desarrollo con los medioambientales, ya que se considera que sólo es posible garantizar el desarrollo mundial futuro si este es sostenible.

Se han definido 17 objetivos como decimos, que tienen 169 medidas asociadas, y se propone cumplirlos antes del año 2030. Estos objetivos van desde la erradicación de la pobreza y el hambre, garantizar la igualdad entre países y personas, fomentar el…

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Trabajadora social de día y hermana mayor de tarde

Jesús Matsuki es un periodista / comunicador que ha ido simultaneando su vida profesional y personal entre el periodismo y la labor social. En el ámbito del periodismo ha desarrollado principalmente su faceta en la radio -informativos, magazines, deportes…- tanto en redacción, coordinación como dirección y conducción de programas. En su faceta de comunicación, ha trabajado para empresas e instituciones -en la actualidad en el Ayuntamiento de Madrid, en calidad de portavoz de tráfico para las principales emisoras de radio y televisión de Madrid-.

Su labor social le ha llevado a pasar por “El teléfono Dorado” de Mensajeros de la Paz, Fundación RECAL -ayuda a personas con drogodependencias-, Grupo Amás -personas con discapacidad intelectual-, MUJ -jóvenes en riesgo de exclusión social-… hasta que decidió dar el salto a la cooperación internacional. Tras un periodo de formación (Máster y otros cursos), inició su colaboración como voluntario en las oficinas centrales de Cruz Roja, en el departamento de Cooperación Internacional -labores de administración, técnicas y de comunicación-.

Dio el salto a Calcuta (India) de la mano de una fundación, donde coordinó dos proyectos. A su vuelta a España se enroló como técnico de proyectos de Manos Unidas, en el departamento del sur de la India. Para Jesús, el acceso a la información es un derecho fundamental y fuente de ayuda imprescindible para las personas en riesgo de exclusión.

Finaliza en agosto de 2018 una misión de cooperación en #Etiopía para la Fundación Pablo Horstmann. Entre otras funciones, ha rediseñado la comunicación desde el terreno de la organización y creado un plan de comunicación con los beneficiarios (Communication With Communities).

Jesús se une a la Comunidad de Aprendizaje de esta asignatura: Trabajo Social y Cooperación al Desarrollo #TSyCD



-Ya están llegando… menos mal que no llueve- Me dice Rahel. La cita con los niños y sus madres era a las doce del mediodía, pero se retrasan casi una hora. Yetnayet les disculpa –algunos tienen que caminar tres horas hasta donde estamos y la lluvia de la noche anterior ha dejado las carreteras de arena hechas lodo-. Es la época de lluvias, es lo que toca. Es posible que las organizadoras hayan rezado más que todas las cofradías de Sevilla en Semana Santa juntas -exageración del que suscribe estas líneas- y finalmente el cielo haya dado una tregua.

Es la fiesta de fin de curso escolar. Entregan el boletín de notas a Rahel y Yetnayet, las Trabajadoras Sociales de la Fundación Pablo Horstmann. Esta organización española es quien financia el proyecto de atención a menores huérfanos y/o en situación vulnerable -Orphan Vulnerability Children, “OVC”-. Es parte de un proyecto integral de atención al menor que también incluye guardería, orfanato y clínica pediátrica en la localidad de Meki, Etiopía.

Meki (Etiopía)

Rahel culmina su cuarto año al frente del proyecto. Yetnayet dos. Pareciera que llevaran toda la vida.

Los niños o las madres van entregando las calificaciones. Seguirán el procedimiento habitual en los próximos días: Serán escaneadas, registradas en el archivo informático y enviadas a Madrid como parte de las fuentes de verificación –prueba- que el donante necesita. Pero hoy no es un día administrativo. Es una fiesta. Habrá música, bailes, teatro y entrega de premios.

Rahel enciende el equipo de sonido para empezar a animar el ambiente. Toca ser pinchadiscos también. Le entretiene, y sabe que así podrá controlar los tiempos de todos los eventos que van a tener lugar. Los niños se sientan alrededor del escenario mientras bailan, aplauden y se abrazan a las trabajadoras sociales a modo de saludo.

Bueno, para ellos esa profesión no existe. Son esas personas que se acercan a sus casas a preguntarles si están asistiendo al colegio, si están felices y a hablar con mamá. Y es verdad, no son solo trabajadoras sociales: Fuera del horario de oficina velan por la educación social y emocional de los menores. –Se merecen crecer como niños- me repite Rahel como si de un mantra se tratase.

Cubren los huecos que las familias no pueden o no han podido abarcar. Algunos son huérfanos, en otros casos la madre pasa tanto tiempo trabajando o intentándolo cada día por 50 birrs –al cambio, 1 euro y medio aproximadamente- que se generan lagunas en su aprendizaje social.

Y Rahel y Yetnayet sienten esa necesidad e intentan cubrirla. En todas las situaciones hay un denominador común: es el cariño mutuo el que propicia estos lazos y el que genera ese bonito sentimiento de “hermana mayor”.

Una vez ya todos en sus sitios, Yetnayet toma el micrófono y comienza dándole las gracias a todos por venir, hace un chascarrillo sobre la nube que parece irse y da paso a la obra de teatro. Rahel lleva semanas practicando la obra con las niñas. Ashmara –nombre ficticio- es la protagonista: grita, se tira al suelo, llora… Hace una representación perfecta. El público presente disfruta de la obra y lo agradece aplaudiendo entre acto y acto. La obra está orquestada con la doble finalidad de lanzar esas ideas en el público presente y educar a las que hoy se presentan como actrices. Sin televisión ni radio por falta de recursos económicos o infraestructura eléctrica, el teatro se convierte en un medio de transmisión eficiente para sensibilizar y concienciar. Fin de la obra. Sábana a modo de telón. Aplausos.  

Fiesta de fin de curso en Meki

Baile, baile y baile. El público se anima también. Niños y madres aprovechan para vivir la fiesta en su plenitud. Las piernas no están cansadas a pesar de las horas de caminata o de las otroras restantes para volver a casa. El tópico “llevan el ritmo en la sangre” se queda corto. El que escribe bailó después, a sabiendas que haría reír.

Y llegan los premios. A las mejores notas y a los esfuerzos notables. Aquí se unen también los niños acogidos en el orfanato de la Fundación Pablo Horstmann. Sonrisas, aplausos, madres que dan propinas a sus hijos en el mismo momento en que reciben el premio –costumbre local- y aplausos de los allí congregados.

Rahel toma la palabra y da las gracias a todos. Yetnayet aprovecha para hacer lo mismo pero en oromo –idioma de uso común para los habitantes de áreas rurales-.

Los niños tienen sus regalos, las madres han pasado un gran rato viendo las actuaciones de sus hijos y las trabajadoras sociales todo lo que esperaban: más de 200 niños han podido acudir a la escuela y vivir con una mayor calidad de vida durante un año más. Y en breve, comenzará otro: Más visitas a las familias, más informes, más reuniones en los colegios, más revisiones médicas…pero sobre todo más cariño, más preocupaciones y más dar de uno mismo sin que nadie lo exija. Una persona puede ir más allá del trabajo, solo si decide ir más allá. Rahel y Yetnayet lo hacen. Encantadas. A fin de cuentas, son las hermanas mayores.

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El acceso al agua como estrategia de lucha contra la pobreza

He tenido la inmensa suerte de conocer, compartir ideas, proyectos, debatir y discutir sobre diversos aspectos de la Cooperación Internacional con Álvaro Hernán Montoya Ramírez, que es Ingeniero Agrónomo de origen colombiano,  Máster en Recursos Hídricos y Doctor en Ciencias Ambientales. Experto en Agua, Agricultura, Medioambiente y Cambio Climático y cuya trayectoria profesional se enmarca en la docencia y la investigación universitarias, la Cooperación Internacional, la Administración Pública y  la consultoría.

Recientemente prestó sus servicios en el Área de Medio Ambiente del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI), al tiempo que colabora con varios grupos de investigación y centros de estudios en España y Colombia.

Le he invitado a que colaborase con un post, sobre el acceso al agua en los proyectos de cooperación internacional.

Álvaro H. Montoya Ramírez


Un largo (y aun inconcluso) camino  hacia el reconocimiento del agua como  derecho humano básico

Quizás por haber nacido y crecido en Colombia, un país privilegiado como muy pocos en cuanto a riqueza natural, pero al mismo tiempo -y en medida similar- tan duramente castigado por la inequidad social, en mi proceso de formación académica y desempeño profesional he tomado conciencia sobre la estrecha conexión existente entre medioambiente y desarrollo. Como bien recoge el Programa 21, emanado de la Cumbre de la Tierra de Río 1992,

Logotipo Cumbre de la Tierra

esta interacción es de doble vía: por un lado, un individuo o colectivo pobre, en su legítimo afán de subsistencia, puede hacer un uso insostenible de los recursos naturales y, por otro lado, el agotamiento de la base natural por cuenta de una actividad socioeconómica abusiva puede generar pobreza en la población, o agudizarla.

En mi tesis doctoral me propuse ahondar en el conocimiento de tal interacción. Concretamente, analicé el vínculo entre el acceso al agua y la pobreza rural en Colombia. Uno de los estudios de caso de la investigación consistió en evaluar el impacto generado por un proyecto de agua, saneamiento básico y seguridad alimentaria sobre la población objetivo, en términos de reducción de pobreza y rentabilidad financiera, económica y social. El proyecto había sido ejecutado en 2004 por Acción contra el Hambre – España con financiación de la AECID, en el marco de un paradisiaco rincón del Caribe. La estancia en terreno que este estudio llevó aparejada me brindó la invaluable oportunidad de palpar otras realidades de mi propio país, ciertamente desconocidas para mí hasta entonces  y, de paso, me introdujo de lleno en el campo de la Cooperación Internacional al Desarrollo y la Acción Humanitaria –tan apasionante como complejo-, al cual me he mantenido ligado por un espacio que ya va rondando los diez años.

En gran parte el fruto de esa experiencia es el que deseo compartir aquí, por invitación de mi amigo Fernando, con ocasión de la celebración del Día Mundial del Agua.

Logotipo Día Mundial del Agua

Esta disertación adopta una perspectiva algo más teórica y menos práctica que la de los colaboradores que me han precedido en este blog. Mi propósito con esta aportación es mostrar las múltiples vías a través de las cuales la disponibilidad de unos servicios hidráulicos apropiados condiciona el potencial de desarrollo y bienestar de cualquier persona o grupo humano.

Intento así, con un Enfoque Basado en Derechos, llamar la atención sobre el alto grado de responsabilidad que encierra para la comunidad internacional la garantía de provisión de tales servicios a la población desfavorecida de los países en vías de desarrollo, como un instrumento clave de solidaridad global.

El núcleo de este artículo coincide con un escrito publicado originalmente en 2013 por la revista Árbol de Tinta, editada por la Universidad de Ibagué (Colombia) pero situado en el actual contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que rigen la Agenda Internacional de Desarrollo entre 2015 y 2030.

Objetivos de Desarrollo Sostenible – ODS

  1. INTRODUCCIÓN

A día de hoy, para cualquier persona mínimamente informada, oír hablar de la abundancia de agua en la Tierra e, incluso, de su presencia en otros planetas, satélites y cuerpos del sistema solar (y del universo), así como de su condición imprescindible e insustituible para todas las formas de vida conocidas, incluida la humana, resulta redundante y, quizás precisamente por ello, hasta anodino.

A fuerza de costumbre, frases tan trilladas como que “el agua es vida”, terminan convirtiéndose en expresiones vacías de contenido que, a la larga, ya no consiguen transmitir con igual fuerza la irrebatible idea originaria que encierran. Sin embargo, de ningún modo ese aparente carácter elemental debería ser interpretado como una pérdida de vigencia en el tiempo.

Por otro lado, visiones, por desgracia aun no del todo superadas, como aquélla que se refería al agua como un ‘recurso natural renovable’, que si bien es ajustada en el sentido literal del término, también es cierto que ha conducido –y sigue conduciendo- a esquemas de gestión inadecuados, caracterizados por el despilfarro y el maltrato de los que ha sido objeto este recurso, tan esencial para la vida, tal como se ha pregonado hasta la extenuación.

No obstante, hay que reconocer que hasta aquí nos seguimos moviendo en el predecible terreno de las obviedades, de las “verdades de Perogrullo”, de los lugares comunes que, al igual que las frases de cajón, con el tiempo, en poco o nada contribuyen a formar conciencia sobre la enorme importancia del agua, y la impostergable necesidad de manejarla con juicio. Con inteligencia.

Dentro de dicho propósito, aquí en lo sucesivo se pretende aportar una revisión que, a su vez, dé lugar a una reflexión, en torno al papel que puede jugar el agua o, más exactamente, el acceso a agua segura [1], como estrategia de lucha contra la pobreza. A tal efecto, y dada la restricción de espacio, se omitirán cifras y estadísticas que, si bien, podrían reforzar los argumentos, se hallan profusamente disponibles en numerosas fuentes, tanto en soporte editorial como electrónico, y al alcance de cualquier lector/a interesado en la temática.

Para entrar en materia, conviene sentar la noción misma de pobreza, más allá de su percepción más o menos intuitiva. En palabras del filósofo y economista Amartya Sen, premio Nobel de Economía 1998 y precursor del concepto de Desarrollo Humano, la pobreza puede entenderse como la “privación de las libertades fundamentales de que disfruta el individuo para llevar el tipo de vida que tiene razones para valorar”. Resulta claro entonces que pobreza es mucho más que insuficiencia –o carencia- de renta sino que, más bien, este problema multidimensional ha de ser entendido como deficiencia de capacidades, por parte de individuos y colectivos, para poder llevar adelante una vida digna.

Desde esta óptica, procede ahora establecer vínculos entre agua y pobreza, los cuales abarcan desde salud y educación, hasta cultura y religión, tal como a continuación pasa a comentarse:

  1. INTERACCIÓN AGUA-POBREZA

Para empezar, qué duda cabe acerca del carácter irremplazable del agua limpia y suficiente para preservar la salud humana, con fines de hidratación, alimentación e higiene. A pesar del constante progreso observado durante las últimas décadas, aun lucen escandalosos los datos de morbilidad y mortalidad –gástrica, respiratoria, cutánea-, ligados al inadecuado acceso a agua potable y saneamiento básico en extensas zonas de países en vías de desarrollo y, de modo más acusado, en entornos rurales y peri-urbanos.

Sobra decir que una salud precaria limita el potencial -escolar primero y laboral después- de cualquier sujeto; por lo cual el acceso a agua segura supone un requisito sine qua non para atacar la propagación intergeneracional de la pobreza, o sea, esa falaz ‘predestinación’ a vivir en medio de la privación.

En estrecho vínculo con el aspecto sanitario, la insalubridad característica de muchas infraestructuras escolares (colegios), por falta de servicios idóneos de agua y saneamiento, atenta contra la misión formadora que éstas deberían cumplir, reforzando así el círculo vicioso de la pobreza: un niño pobre no cuenta con las garantías locativas mínimas para desarrollar las habilidades y destrezas que luego le permitirían modificar positivamente su situación.

En tal orden de ideas, resulta llamativo observar cómo la ausencia de baterías sanitarias segregadas por sexo, llega a imponer un severo obstáculo para la entrada de las niñas a la escuela en determinados entornos socio-culturales como el musulmán, por ejemplo. Esto repercute, pues, en una fuerte merma de las capacidades de la mujer, desde la infancia misma.

Queda así al descubierto un evidente nexo entre agua, pobreza y género. Se habla mucho de la ‘feminización de la pobreza’, entendida como una incidencia desproporcionada de la pobreza entre la población femenina. Al margen de divergencias conceptuales sobre la validez del término, es innegable que la mujer se relaciona con el agua de un modo particular, diferente al varón y, en consecuencia, desempeña un rol específico como administradora, usuaria y proveedora de agua, tanto en la familia como en la comunidad.

En lugares aquejados por deficiente suministro hídrico, el acarreo de los volúmenes de agua necesarios para intentar satisfacer el consumo humano y el uso doméstico de la familia -lo cual no siempre se consigue-, es una tarea que recae casi en exclusiva sobre la mujer, desde muy temprana edad: caminatas kilométricas de varias horas diarias, soportando un peso físico en ocasiones desproporcionado.

Mujeres acarreando agua

Así, la mujer se ve excluida del espacio escolar como niña, y del mercado laboral como adulta, y hasta expuesta a riesgos sobre su integridad personal (lesiones, agresiones, violaciones). Tan asimétrica responsabilidad retroalimenta la ‘feminización de la pobreza’ y, a la larga, induce sometimiento y falta de autonomía para la mujer.

Al hilo de lo que ha dado en denominarse ‘empoderamiento de la mujer’, durante la última década se ha llamado la atención sobre los incuestionables beneficios que aporta el adecuado acceso al agua con fines productivos, a nivel de hogar o minifundio, para mujeres pobres, habitantes de zonas rurales y peri-urbanas. Estas actividades económicas consisten en producción de bienes y prestación de servicios a baja escala, y se traducen principalmente en generación de renta y empleo, y seguridad alimentaria; y son extensibles a otros grupos vulnerables, tales como pequeños campesinos o minorías étnicas.

Esta mirada alternativa al potencial productivo del agua complementa la visión tradicional del recurso como insumo indispensable para todos los sectores extensivos con fines comerciales (agricultura, ganadería, industria, energía, minería, comercio, turismo), con su efecto dinamizador sobre el conjunto de la economía, que puede abarcar generación de renta y empleo para amplias capas de población en situación de pobreza; además de la redistribución de riqueza que puede operar el Estado a través de servicios sociales financiados vía impuestos, regalías y divisas provenientes de tales actividades productivas.

  1. DERECHO AL AGUA Y AGENDA INTERNACIONAL DE DESARROLLO

A lo largo del presente siglo, este entramado de interrelaciones entre agua y pobreza ha originado un fuerte movimiento social, académico y político, que propugna el reconocimiento del agua como derecho humano básico, como quiera que el acceso a agua segura condiciona la satisfacción de otros tantos Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC), empezando por el propio derecho a la vida, la salud o la alimentación, hasta el derecho a la cultura o la práctica religiosa, pasando por el derecho a la educación o el trabajo.

De este modo, se habla de que toda persona, por el solo hecho de serlo, debe disponer de, al menos, un volumen de 20 litros diarios de agua limpia

Bidón de 20 litros de agua

 

para satisfacer sus requerimientos más esenciales, a un precio asequible, o incluso gratis en caso de no poder sufragarlo. Por desgracia, esta iniciativa ha chocado con la férrea oposición, más o menos velada, de fuertes grupos de presión, tales como lobbies empresariales que visualizan el agua más como mercancía que como derecho. Viendo el actual panorama mundial, todos, como especie humana, hemos de entonar un sonoro mea culpa, al admitir que aun nos situamos demasiado lejos de honrar este ineludible compromiso moral.

Con todo, no deberían ignorarse pasos tan significativos como la declaración del agua potable y el saneamiento básico como derecho humano esencial, por parte de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 2010. Otro debate sería su implementación mediante políticas concretas.

También en el seno de la ONU, al igual que de gobiernos nacionales, centros de pensamiento y organizaciones de la sociedad civil, existió un alto grado de consenso en torno al rol protagónico que jugaba el agua en el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), el mayor pacto global de lucha contra la pobreza alcanzado hasta entonces en la historia de la humanidad, pese a las múltiples –y a menudo justificadas- críticas de que fueron objeto.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tomaron el relevo a los ODM, una vez se agotó el horizonte de implantación de éstos, al concluir el año 2015, con la vista puesta en los quince años subsiguientes, esto es, hasta 2030. Es justo admitir que en su concepción, diseño y estructura la comunidad internacional realizó genuinos esfuerzos por capitalizar los aprendizajes derivados de los ODM. Aun así, esta Nueva Agenda de Desarrollo Sostenible configurada por los ODS no se halla exenta de cuestionamientos, que no se pretende aquí discutir.

Lo que sí procede ahora es llamar la atención sobre el carácter decisivo que, en mayor o menor medida, unos servicios de agua adecuados encierran para el cumplimiento de todos los ODS, más allá de que sólo uno de ellos (el número 6) se ocupe explícitamente del sector de agua potable y saneamiento básico.

Esta afirmación es evidente para, al menos, los primeros quince objetivos (de un total de 17), y se sustenta en los razonamientos previamente expuestos: ¿acaso cabe alguna duda sobre las múltiples y complejas interrelaciones que conectan al agua con las metas trazadas en materia de renta, alimentación, salud, educación, género, energía, empleo, industria, infraestructura, equidad, habitabilidad, producción, consumo o medioambiente? Seguramente no.

IDEA FINAL

Ya para finalizar, sólo resta sugerir la adaptación de estas ideas, quizás algo genéricas, al contexto socioeconómico y medioambiental de cada país, zona o comunidad, lo cual pasa necesariamente, por un lado, por el análisis de los determinantes de la pobreza, y por la evaluación del estado de los recursos hídricos, por otro; todo ello a fin de incorporar la lucha contra la pobreza como criterio central dentro de la gestión del agua en un entorno concreto. Cabe pues esperar que el aprovechamiento racional de los recursos naturales incluido, como no, el agua, constituya una estrategia efectiva para mejorar las condiciones de vida de miles de millones de seres humanos en todo el mundo.

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[1] Condiciones apropiadas de cantidad, calidad y disponibilidad.

Desarrollo sostenible y la música del reciclaje

En la Cumbre para el Desarrollo Sostenible, que ha tenido lugar en septiembre de 2015, los Estados Miembros de la ONU aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que incluye un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia, y hacer frente al cambio climático.

Esta nueva agenda y objetivos, pretenden reforzar de una manera más amplia los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) aprobados por Naciones Unidas en el año 2.000, y ampliar el séptimo que se refería a “Garantizar la sostenibilidad del Medio Ambiente

Según la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo, 1988 el Desarrollo Sostenible, es aquel que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

El desarrollo sostenible exige esfuerzos concertados para construir un futuro inclusivo, sostenible y resiliente para las personas y para el planeta.

Para alcanzar el desarrollo sostenible es fundamental armonizar tres elementos básicos:

  • el crecimiento económico,
  • la inclusión social y
  • la protección del medio ambiente.

Estos elementos están interrelacionados y son todos esenciales para el bienestar de las personas y las sociedades.

La erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones es una condición indispensable para lograr el desarrollo sostenible. A tal fin, debe promoverse un crecimiento económico sostenible, inclusivo y equitativo, creando mayores oportunidades para todos, reduciendo las desigualdades, mejorando los niveles de vida básicos, fomentando el desarrollo social equitativo e inclusivo y promoviendo la ordenación integrada y sostenible de los recursos naturales y los ecosistemas.

A continuación  se exponen varios ejemplos de mala gestión ambiental, de los que apenas podemos encontrar referencias en los medios de comunicación, pero que sin duda, durante los últimos 15 años, han padecido un progresivo deterioro.

 Una situación poco mediática y desconocida, es la situación que desde hace varios años se vive en el Mar de Aral.  Situado en Asia Central

El Mar de Aral era la cuarta superficie acuática interior del planeta. Dos ríos vierten sus aguas, el Syr Dariá y el Amú Dariá.

El Syr Dariá es el río más grande de Asia Central (tres veces el río Ebro en España) y en su cuenca están las principales regiones productoras de algodón en Uzbekistán y otras plantaciones en Kazajstán y Tayikistán.

El Amú Dariá nace en las montañas de Afganistán y atraviesa Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

Con los planes quinquenales centralistas de la Antigua Unión Soviética se decide transformar las cuencas de ambos ríos en inmensos campos de producción agrícola a través de la irrigación.

Hay que tener en cuenta y recordar, que la principal actividad del Mar de Aral era la industria pesquera que proporcionaba más de 50.000 toneladas anuales, siendo la forma de trabajo de varios miles de personas.

El Mar de Aral ha reducido su superficie de 66 mil kilómetros cuadrados a 26 mil (casi dos terceras partes). Ha perdido superficie de agua equivalente a la superficie de la región de Aragón y se ha convertido en un desierto salino.

El principal puerto pesquero, Aralsk, hoy se encuentra a 80 kms. de sus aguas.

 

Otro ejemplo radicalmente diferente, pero también muy preocupante es la situación de la llamada “Isla de la basura”, es una zona del océano cubierta de desechos marinos en el centro del océano Pacífico Norte, localizada entre las coordenadas 135° a 155°O y 35° a 42°N. Se estima que tiene un tamaño de 1.400.000 km² (casi tres veces mayor que la superficie de España). Este vertedero oceánico se caracteriza por tener concentraciones excepcionalmente altas de plástico suspendido y otros desechos atrapados en las corrientes del giro del Pacífico Norte (formado por un vórtice de corrientes oceánicas). A pesar de su tamaño y densidad, la isla de basura oceánica es difícil de ver incluso mediante fotografías tomadas con satélites.

Limpieza de la misma:

En el año 2008, Richard Owen, un contratista de la construcción e instructor de buceo, formó la Enviromental Cleanup Coalition (Coalición para la Limpieza del Ambiente) para unirse a la causa contra la polución del Pacífico Norte. La ECC (siglas en inglés) planea la modificación de una flota de barcos para limpiar los desechos de la zona para restaurarlos y reciclarlos. El laboratorio creado con este fin se llama Gyre Island.

Frente a estas situaciones que demuestran el evidente y progresivo deterioro del medio ambiente y una ausencia total y absoluta de desarrollo ambiental, nos encontramos con otras situaciones y con otras iniciativas muy innovadoras y creativas.

Desde el barrio de Cateura, en uno de los distritos más pobres de la ciudad de Asunción (Paraguay), en dónde su primera fuente de ingresos es un inmenso vertedero, Favio Chávez decidió tomar la iniciativa y dar un giro de 180 grados al cúmulo de problemas sociales en torno a este insalubre escenario.

Favio, que ya tenía experiencia en el barrio, decide enseñar música a los niños del barrio, como estrategia para salir de la espiral de problemas sociales, drogadicción, violencia social, embarazos no deseados entre las adolescentes, etc.

Para empezar con su proyecto, allá por 2006, se encontraba con un problema: la financiación para la adquisición de los instrumentos musicales. Ese problema, se fue afrontando de forma comunitaria, entre los propios jóvenes y otras personas de la comunidad que empezaron a construir sus propios instrumentos musicales, de piezas y elementos que estaban entre los residuos del propio vertedero. Bidones, latas, bandejas de hornos, tuberías, cuberterías abolladas fueron algunas de las piezas rescatadas y recuperadas del propio vertedero para pasar a ser ensambladas y moldeadas para tratar de conseguir el sonido más parecido posible al del instrumento original.

Tras estos años de experiencia, la Orquesta Reciclados es una realidad, en la que están involucrados unos cuarenta jóvenes;  se han logrado apoyos, y se ha logrado poner en funcionamiento una escuela de música en el propio barrio, que permite una formación continuada a aquellos jóvenes.

El pasado mes de diciembre, la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, efectuó una gira por varias ciudades españolas, y por otros países europeos.

Han contado con la colaboración de Ecoembes, entidad sin ánimo de lucro que gestionan la recuperación y el reciclaje de los envases de plástico, las latas, los “briks”, los envases de cartón y papel en toda España.

A su vez, Ecoembes ha creado el proyecto social “La música del reciclaje”, para la formación a niños/as, de entre seis y doce años, en riesgo de exclusión social para la creación de una orquesta de instrumentos reciclados, en dos centros educativos de la Comunidad de Madrid.

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Referencias:

Objetivos Desarrollo Sostenible

Desarrollo sostenible

Isla de basura

Objetivos de Desarrollo del Milenio

Blog from Madrid to Hollywod

Agenda Post2015

Centro Juvenil Hua Fai para la minoría étnica Karen en Tailandia

En las últimas semanas se han sucedido noticias respecto a la situación de los refugiados rohingya procedentes de Myanmar – Birmania en su actual ubicación en Bangladesh.

Existe otra minoría étnica, la Karen, también procedente de Myanmar, que huyen de su país hacia el este, y se encuentran en una situación irregular en Tailandia.

Una pequeña organización sin ánimo de lucro, Estudio Cavernas, trabaja a favor de esta minoría en lo que se refiere a capacitación y soluciones habitacionales y de equipamiento. Su actividad está perfectamente alineada con el cumplimiento de algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

A continuación podrás descubrir el trabajo de cooperación que desde esta pequeña organización, se lleva a cabo en Tailandia.

A tan solo unos kilómetros de la frontera entre Tailandia y Birmania, adyacente a la reserva natural (Hua Lek), se encuentra este centro que ofrece servicios de alojamiento a jóvenes inmigrantes de la minoría étnica Karen.

Localización del Centro Juvenil Hua Fai en Mae Sot, Tailandia

Los Karen son una etnia que vive principalmente en el sur de Birmania (Myanmar) y hablan una lengua sino-tibetana.

Algunos Karen, liderados principalmente por la Unión Nacional Karen (UNK), están en guerra con el gobierno de Birmania (o Myanmar) desde 1949. El objetivo inicial del grupo era lograr la independencia de Karen, pero desde 1976, el grupo armado ha pedido la creación de un sistema federal en lugar de la independencia del estado.

Esta situación de conflicto, ha provocado que de los cuatro millones de Karen que existen, casi un diez por ciento de la población se haya desplazado e instalado en la vecina Tailandia en dónde subsisten en una situación irregular.

Estudio Cavernas es una organización sin fines de lucro de Arquitectura y Construcción con sede en Mae Sot (Tailandia).

Trabaja en estrecha colaboración con las comunidades y organizaciones de migrantes locales para satisfacer sus necesidades de infraestructura.

Ofrece soluciones sostenibles y respetuosas con el medio ambiente que combinan diseño, innovación y la implicación de trabajadores y materiales locales, que aspiran a crear algo único.

Su objetivo es garantizar un proceso y un resultado que refleje y apoye la cultura local, el medio ambiente y la forma de vida tradicional.

El equipo de construcción, lo componen un equipo multidisciplinar de personas birmanas y Karen con una característica común: han huido de su país por la misma razón, la situación de conflicto y por la falta de oportunidades.

Equipo Multidisciplinar de Construcción y formación de Estudio Cavernas

Las personas con las que trabajan son de las más vulnerables de toda la zona fronteriza que reciben un salario digno y acorde con su función. De esta forma, se contribuye al Objetivo de Desarrollo Sostenible 8, “Trabajo decente y crecimiento económico

Viven en las proximidades de un basurero y el trabajo más común y habitual es la selección y recogida de plástico para tratar de venderlo al final del día y obtener entre  40 y 80 baht (50 céntimos de euro aproximadamente).

Basurero en Mae Sot Tailandia – Thailand

Desde la Organización Estudio Cavernas se les ofrece la oportunidad de aprender a construir de manera rudimentaria, a modo de autoconstrucción, para que puedan replicarlo una vez de vuelta en su comunidad. Los habitantes de este centro, eligen esta localización por su proximidad a instituciones que ofrecen programas de apoyo y formación profesional para inmigrantes.

El diseño del centro Hua Fai se centra en crear un espacio acorde a las necesidades de los habitantes. Gracias a su emplazamiento, ofrece con sus estructuras triangulares y un jardín vertical un entorno único para vivir como estudiante.

El objetivo del proyecto consiste en ampliar las instalaciones existentes para poder acomodar el creciente número de jóvenes accediendo éstos a programas educacionales. Con esta iniciativa se contribuye al Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, “Educación de Calidad”.

La intervención consiste la construcción de ocho unidades de dormitorio, un área semi privada y un módulo de baños. Se construyen cinco volúmenes independientes; cuatro de ellos son divididos simétricamente para crear ocho espacios.

La disposición de los volúmenes responde a tres objetivos básicos:

  • Evitar inundaciones: Tailandia por encontrase en el lado norte del área tropical que circunda el planeta, presenta un clima de sabana tropical, periodos de fuertes lluvias y en consecuencia aumento del caudal de ríos. Hua–Fai está situado en un terreno propenso a inundaciones por lo que se tomó la decisión de elevar las viviendas del suelo con perfiles de acero anclados a dados de concreto.
  • Evitar el sobrecalentamiento dentro de las unidades: controlando la exposición solar de los techos y su capacidad de transmisión térmica. Debido a las condiciones climatológicas, las lluvias tropicales y fuerte radiación solar fueron dos puntos claves a tener en cuenta en el desarrollo. Estos dos aspectos se relacionan con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 13, “Acción por el clima”.
  • Crear un espacio comunitario: Conseguido mediante la orientación de los espacios privados a un espacio abierto, común, que funciona como un área de reunión. La disposición toma como referente los asentamientos Karen en esta región fronteriza.

Para la construcción de las viviendas se optó por trabajar con madera reciclada de demolición de viviendas antiguas de Tailandia.

Detalle del proceso de construcción en Hua Fai

La deforestación en el sudeste de Asia va en aumento, lo que ha abierto un mercado alternativo de materiales reciclados que ayuda a la dimensión ecológica del planeta, al mismo tiempo que abre un mercado alternativo de reciclaje en donde el valor del producto es menos especulativo y más real, a diferencia de las grandes cadenas de materiales.

Con el uso de materiales reciclados se contribuye al Objetivo de Desarrollo Sostenible 15, “Vida en la tierra – Vida de ecosistemas terrestres”.

El diseño del techo toma elementos de la construcción local que se encuentra en esta área, lo que maximiza el uso de materiales disponibles localmente. Tanto el techo de las viviendas como del baño están compuesto por una primera capa interna de aluzinc, atornillada a la estructura de madera impermeable a la lluvia, una segunda capa intermedia de troncos de eucalipto instalados verticalmente para crear ventilación y aislamiento térmico, y una capa exterior de hojas de caña de azúcar extraídas de una cosecha cercana al solar del proyecto. A nivel de suelo, se instala una franja horizontal de fibra de vidrio corrugada para ofrecer una entrada de luz a en la planta baja de las unidades.

Aspecto general del Centro Juvenil de Hua Fai

Cada módulo habitacional divide el espacio interior en cuatro: dos áreas sociales en el primer piso y dos áreas privadas en el segundo nivel.

A esto se suman dos cerchas inclinadas en cada lado triangular de la casa, lo que ayuda a proteger las terrazas que se encuentran delante de cada unidad, de las fuertes lluvias.

Paralelamente se construye una unidad de baño con la misma lógica y geometrías que las unidades de viviendas.

Cada una de las fachadas, responde a una función específica: La cara orientada hacia el arrozal se acondiciona como lavabo / tocador, en la orientada al espacio central se construye un banco, y en  la que se sitúa a la entrada del recinto, se crea un jardín vertical como elemento de recepción.

Detalle Jardín Vertical Hua_Fai

Si quieres colaborar al mantenimiento de este proyecto e iniciativa, puedes hacerlo con una pequeña aportación, por ejemplo si donas 50 € estarías financiando el salario (y al proceso de  formación) de una semana de un trabajador. Para hacer una donación, puedes hacerlo de una forma segura pulsando este enlace.

Para más información y detalles arquitectónicos sobre este proyecto, puedes consultar (en inglés) la web de Estudio Cavernas.

Si quieres contactar directamente con la Organización Estudio Cavernas puedes hacerlo, escribiendo directamente a: info@estudiocavernas.com.

Detalle del Centro Juvenil HuaFai

Muchas gracias por tu atención y como suele ser habitual se agradecen los comentarios.

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Referencias:

Pueblo Karen

Los niños del basurero