Día Mundial de la Asistencia Humanitaria – Trabajadoras humanitarias

Desde hace más quince años, cada 19 de agosto se conmemora el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, instituido por la Asamblea General de Naciones Unidas coincidiendo con el aniversario del ataque al cuartel general de la ONU en Bagdad (Iraq) ocurrido en el año 2003.

El Día Mundial de la Asistencia Humanitaria el año 2017 y 2018 se celebró con el lema “La población civil no es objetivo” y en este año 2019, se honra el trabajo de aquellas mujeres que luchan en zonas de conflicto alrededor del mundo.

Aquellas heroínas anónimas que trabajan al frente de sus comunidades en los terrenos más difíciles: desde las heridas de guerra en Afganistán, hasta la inseguridad alimentaria en el Sahel, o hasta aquellas que han perdido sus hogares y medios de vida en lugares como República Centroafricana, Sudán del Sur, Siria y Yemen. También se quiere honrar los esfuerzos de todas las asistentes humanitarias alrededor del mundo que se unen a las personas más necesitadas.

Las mujeres conforman un gran número de aquellas personas que arriesgan sus propias vidas para salvar las de otras. A menudo son las primeras en responder y las últimas en irse. Estas mujeres merecen un reconocimiento. Se necesitan hoy más que nunca para fortalecer la respuesta humanitaria mundial. Y los líderes mundiales, así como los actores no estatales, deben garantizar que ellas, y todo el personal de asistencia humanitaria, tengan garantizada la protección que les otorga el derecho internacional.

Cada vez más, los conflictos se cobran la vida de muchas personas en todo el mundo. Atrapados en guerras que no han causado, millones de civiles se ven obligados a esconderse o huir para salvar sus vidas. Los niños dejan la escuela, las familias abandonan sus hogares y las comunidades se despedazan, mientras el mundo no hace lo suficiente para detener ese sufrimiento.

Por su parte, el personal cooperante, trabajadores humanitarios, y cada vez con más frecuencia también con la presencia Trabajadora/es Sociales, ponen sus vidas en peligro para atender a las víctimas de la violencia, que se convierten cada vez más en objetivo de los ataques.

Al menos 139 cooperantes murieron asesinados en 2017, lo que significa un incremento de un 23% respecto al año anterior, y Sudán del Sur se sitúa como uno de los países más peligrosos del mundo. A esta cifra, hay que añadir la del personal cooperante herido y secuestrado, que suman otras 174 personas.

Según el Comité Internacional de Cruz Roja (CICR) en los últimos setenta años, las principales víctimas de la guerra han sido los civiles. Por ello, la protección de la población civil durante los conflictos armados es un pilar del Derecho Internacional Humanitario (DIH).

Derecho Internacional Humanitario

No sólo las personas están protegidas, sino también los bienes públicos y privados. El derecho internacional humanitario define y protege a los grupos más vulnerables, como las mujeres, los niños y las personas desplazadas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, y en muchos otros conflictos desde entonces, la población civil ha sido la principal víctima de la guerra. Si bien es cierto que siempre han sufrido en épocas de guerra, el brutal impacto de la Segunda Guerra en la población civil, donde se perpetraron exterminios en masa, ataques indiscriminados, deportaciones, tomas de rehenes, saqueos y detenciones en campos de concentración, los afectó profundamente. La reacción de la comunidad internacional fue la adopción del IV Convenio de Ginebra en 1949.

Destrucción de ciudades durante la II Guerra Mundial

Antes de esa fecha, los Convenios de Ginebra protegían a los heridos, los enfermos, los náufragos y los combatientes capturados. El “convenio de los civiles” daba cuenta de los cambios en la naturaleza de la guerra al establecer la protección jurídica de toda persona que no perteneciera a las fuerzas armadas o a grupos armados. La protección también alcanzaba a los bienes de carácter civil. Fue reafirmada más tarde con la adopción de los Protocolos Adicionales de 1977 a los Convenios de Ginebra de 1949.

Conforme al DIH, los civiles que se encuentran bajo el poder de fuerzas enemigas deben recibir un trato humano en todo momento, sin distinciones de índole desfavorable. Deben estar protegidos contra todas las formas de violencia y tratos degradantes, incluidos el homicidio y la tortura. Asimismo, tienen derecho a un juicio justo, con las debidas garantías procesales.

La protección de los civiles abarca a quienes les brindan asistencia, en particular las unidades sanitarias y los organismos humanitarios o de socorro que distribuyen artículos esenciales como alimentos, ropa e insumos médicos. Las partes beligerantes deben permitir el acceso a esas organizaciones. En particular, el IV Convenio de Ginebra y el Protocolo adicional I exigen que los beligerantes faciliten el trabajo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

Si bien el DIH protege a todos los civiles sin distinción alguna de índole desfavorables, se menciona en especial a determinados grupos. Las mujeres y los niños, los ancianos y los enfermos son sumamente vulnerables durante una guerra. Lo mismo puede decirse de quienes abandonan sus hogares y pasan a ser desplazados internos o refugiados. El DIH prohíbe el desplazamiento por medio de la intimidación, la violencia o la hambruna.

Población desplazada

Muchas personas se ven obligadas a alejarse de sus familiares durante un conflicto armado. Los Estados deben tomar las medidas necesarias para evitar ese tipo de situaciones y para volver a reunir a quienes han debido separarse de los suyos, proporcionando la información necesaria y facilitando las actividades de búsqueda.

La protección de los civiles establecida en los Convenios de Ginebra y los Protocolos adicionales es amplia. En los últimos sesenta años, el problema ha radicado en la aplicación de esos instrumentos del derecho internacional humanitario. Ni los Estados ni los grupos armados no estatales han cumplido adecuadamente con sus obligaciones a este respecto. En consecuencia, los civiles han sufrido muchísimo en casi todos los conflictos armados.

En algunos conflictos, se ha apuntado específicamente a los civiles, quienes han sido víctimas de terribles atrocidades. Esto se habría evitado de haberse respetado el principio fundamental de los Convenios de Ginebra, a saber, el respeto por la persona humana. Por esa razón, el CICR continúa instando a los Estados a que respeten y hagan respetar los principios del derecho internacional humanitario, sobre todo en lo relativo a la protección de la población civil.

Según el Informe del Secretario General de la ONU de 2016 sobre la protección de los civiles en los conflictos armados, se observaron circunstancias similares, en distintos grados.

En el noreste de Nigeria y los países de la cuenca del Lago Chad hubo denuncias de violaciones y abusos cometidos por Boko Haram y en el contexto de las operaciones gubernamentales de contrainsurgencia. En una de las peores formas de reclutamiento forzado, Boko Haram utilizó a 30 niñas y niños para realizar atentados suicidas en la cuenca del Lago Chad.

Regiones bajo la amenaza de Boko Haram

En Sudán del Sur, la protección de los civiles siguió deteriorándose, sobre todo a partir de julio. Entre los incidentes denunciados figuraron las ejecuciones extrajudiciales, los secuestros, la violencia sexual y las restricciones a la libertad de circulación por ambas partes en el conflicto. En noviembre, el Asesor Especial para la Prevención del Genocidio advirtió del riesgo de genocidio en Sudán del Sur. El genocidio no ocurre de la noche a la mañana; es un proceso que lleva tiempo de preparación. Por lo tanto, puede ser evitado. Tenemos la responsabilidad compartida de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para evitar el riesgo y por ello exhorto al Consejo de Seguridad a que adopte medidas decisivas.

Los niños siguieron pagando un alto precio en los conflictos. En varios conflictos, como los del Afganistán, el Iraq, la República Árabe SiriaSomaliaSudán del Sur y Yemen, siguió habiendo muy numerosas violaciones contra los niños, en particular asesinatos y mutilaciones, que fueron documentadas por el mecanismo de vigilancia y presentación de informes sobre violaciones graves contra los niños en situaciones de conflicto armado. El reclutamiento y la utilización de niños por fuerzas y grupos armados también siguió siendo un motivo de gran preocupación, pues hubo un aumento significativo de casos en la República Centroafricana, la República Árabe Siria y Somalia.

Destrucción de una escuela en Siria

Preocupa particularmente el efecto perjudicial de los conflictos en la educación. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) estima que 246 millones de niños viven en zonas de conflicto, y muchos de ellos se ven privados de la educación cuando sus escuelas son destruidas, utilizadas con fines militares o clausuradas por motivos de seguridad o porque los maestros han huido.

En Afganistán, casi la mitad de los niños en edad de escolaridad primaria no concurren a la escuela. En Sudán del Sur, casi el 60% de esos niños no van a la escuela y en las zonas afectadas por el conflicto 1 de cada 3 escuelas ha sido clausurada.

El mecanismo de vigilancia y presentación de informes comprobó que 41 escuelas del Afganistán eran utilizadas por el ejército y en Sudán del Sur se registraron 21 casos nuevos de escuelas utilizadas con el mismo fin. En la República Democrática del Congo, se verificaron 51 ataques contra escuelas, más del doble de la cifra de 2015.

La educación de las niñas siguió viéndose seriamente afectada a causa de las amenazas o los ataques contra maestras y alumnas en el Afganistán, el Iraq, Malí, Nigeria y la República Árabe Siria. Insto a todos los Estados Miembros a que refrenden la Declaración sobre Escuelas Seguras, un compromiso internacional para proteger a las escuelas y universidades contra los ataques y evitar su utilización con fines militares en un conflicto.

Con la celebración de este día mundial se pretende concienciar y reflexionar sobre la protección y el respeto  al Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos, así como la protección de los civiles, incluidos los trabajadores humanitarios y sanitarios, y las obras y edificios públicos.

En contextos y lugares cada vez más complejos,  se está registrando un incremento de ataques a las oficinas e instalaciones de distintas organizaciones como por ejemplo a Save the Children en Jalalabad (Afganistán); de MSF en la República Democrática del Congo, Siria, Yemen o Afganistán; o de Cruz Roja en la República Centroafricana, Afganistán, Nigeria, Sudán Sur, Siria, Irak o Yemen.

Si quieres leer sobre los post de años anteriores, puedes acceder pulsando en los siguientes enlaces:

Trabajo Social y Refugiados en el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria 2016

Día Mundial de la Asistencia Humanitaria y Trabajo Social 2015

Día Mundial de la Asistencia Humanitaria ¿qué es lo que más necesita al mundo 2014

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Referencias:

Día Mundial de la Asistencia Humanitaria – ONU

Objetos y personas protegidas por el DIH: Civiles – CICR

Informe del Secretario General de la ONU de 2016 sobre la protección de los civiles en los conflictos armados

Día Mundial de la Asistencia Humanitaria

Imagen Derecho Internacional Humanitario

Segunda Guerra Mundial

Regiones bajo amenaza de Boko Haram

Escuela en Siria

Desplazados

Trabajadora social de día y hermana mayor de tarde

Jesús Matsuki es un periodista / comunicador que ha ido simultaneando su vida profesional y personal entre el periodismo y la labor social. En el ámbito del periodismo ha desarrollado principalmente su faceta en la radio -informativos, magazines, deportes…- tanto en redacción, coordinación como dirección y conducción de programas. En su faceta de comunicación, ha trabajado para empresas e instituciones -en la actualidad en el Ayuntamiento de Madrid, en calidad de portavoz de tráfico para las principales emisoras de radio y televisión de Madrid-.

Su labor social le ha llevado a pasar por “El teléfono Dorado” de Mensajeros de la Paz, Fundación RECAL -ayuda a personas con drogodependencias-, Grupo Amás -personas con discapacidad intelectual-, MUJ -jóvenes en riesgo de exclusión social-… hasta que decidió dar el salto a la cooperación internacional. Tras un periodo de formación (Máster y otros cursos), inició su colaboración como voluntario en las oficinas centrales de Cruz Roja, en el departamento de Cooperación Internacional -labores de administración, técnicas y de comunicación-.

Dio el salto a Calcuta (India) de la mano de una fundación, donde coordinó dos proyectos. A su vuelta a España se enroló como técnico de proyectos de Manos Unidas, en el departamento del sur de la India. Para Jesús, el acceso a la información es un derecho fundamental y fuente de ayuda imprescindible para las personas en riesgo de exclusión.

Finaliza en agosto de 2018 una misión de cooperación en #Etiopía para la Fundación Pablo Horstmann. Entre otras funciones, ha rediseñado la comunicación desde el terreno de la organización y creado un plan de comunicación con los beneficiarios (Communication With Communities).

Jesús se une a la Comunidad de Aprendizaje de esta asignatura: Trabajo Social y Cooperación al Desarrollo #TSyCD



-Ya están llegando… menos mal que no llueve- Me dice Rahel. La cita con los niños y sus madres era a las doce del mediodía, pero se retrasan casi una hora. Yetnayet les disculpa –algunos tienen que caminar tres horas hasta donde estamos y la lluvia de la noche anterior ha dejado las carreteras de arena hechas lodo-. Es la época de lluvias, es lo que toca. Es posible que las organizadoras hayan rezado más que todas las cofradías de Sevilla en Semana Santa juntas -exageración del que suscribe estas líneas- y finalmente el cielo haya dado una tregua.

Es la fiesta de fin de curso escolar. Entregan el boletín de notas a Rahel y Yetnayet, las Trabajadoras Sociales de la Fundación Pablo Horstmann. Esta organización española es quien financia el proyecto de atención a menores huérfanos y/o en situación vulnerable -Orphan Vulnerability Children, “OVC”-. Es parte de un proyecto integral de atención al menor que también incluye guardería, orfanato y clínica pediátrica en la localidad de Meki, Etiopía.

Meki (Etiopía)

Rahel culmina su cuarto año al frente del proyecto. Yetnayet dos. Pareciera que llevaran toda la vida.

Los niños o las madres van entregando las calificaciones. Seguirán el procedimiento habitual en los próximos días: Serán escaneadas, registradas en el archivo informático y enviadas a Madrid como parte de las fuentes de verificación –prueba- que el donante necesita. Pero hoy no es un día administrativo. Es una fiesta. Habrá música, bailes, teatro y entrega de premios.

Rahel enciende el equipo de sonido para empezar a animar el ambiente. Toca ser pinchadiscos también. Le entretiene, y sabe que así podrá controlar los tiempos de todos los eventos que van a tener lugar. Los niños se sientan alrededor del escenario mientras bailan, aplauden y se abrazan a las trabajadoras sociales a modo de saludo.

Bueno, para ellos esa profesión no existe. Son esas personas que se acercan a sus casas a preguntarles si están asistiendo al colegio, si están felices y a hablar con mamá. Y es verdad, no son solo trabajadoras sociales: Fuera del horario de oficina velan por la educación social y emocional de los menores. –Se merecen crecer como niños- me repite Rahel como si de un mantra se tratase.

Cubren los huecos que las familias no pueden o no han podido abarcar. Algunos son huérfanos, en otros casos la madre pasa tanto tiempo trabajando o intentándolo cada día por 50 birrs –al cambio, 1 euro y medio aproximadamente- que se generan lagunas en su aprendizaje social.

Y Rahel y Yetnayet sienten esa necesidad e intentan cubrirla. En todas las situaciones hay un denominador común: es el cariño mutuo el que propicia estos lazos y el que genera ese bonito sentimiento de “hermana mayor”.

Una vez ya todos en sus sitios, Yetnayet toma el micrófono y comienza dándole las gracias a todos por venir, hace un chascarrillo sobre la nube que parece irse y da paso a la obra de teatro. Rahel lleva semanas practicando la obra con las niñas. Ashmara –nombre ficticio- es la protagonista: grita, se tira al suelo, llora… Hace una representación perfecta. El público presente disfruta de la obra y lo agradece aplaudiendo entre acto y acto. La obra está orquestada con la doble finalidad de lanzar esas ideas en el público presente y educar a las que hoy se presentan como actrices. Sin televisión ni radio por falta de recursos económicos o infraestructura eléctrica, el teatro se convierte en un medio de transmisión eficiente para sensibilizar y concienciar. Fin de la obra. Sábana a modo de telón. Aplausos.  

Fiesta de fin de curso en Meki

Baile, baile y baile. El público se anima también. Niños y madres aprovechan para vivir la fiesta en su plenitud. Las piernas no están cansadas a pesar de las horas de caminata o de las otroras restantes para volver a casa. El tópico “llevan el ritmo en la sangre” se queda corto. El que escribe bailó después, a sabiendas que haría reír.

Y llegan los premios. A las mejores notas y a los esfuerzos notables. Aquí se unen también los niños acogidos en el orfanato de la Fundación Pablo Horstmann. Sonrisas, aplausos, madres que dan propinas a sus hijos en el mismo momento en que reciben el premio –costumbre local- y aplausos de los allí congregados.

Rahel toma la palabra y da las gracias a todos. Yetnayet aprovecha para hacer lo mismo pero en oromo –idioma de uso común para los habitantes de áreas rurales-.

Los niños tienen sus regalos, las madres han pasado un gran rato viendo las actuaciones de sus hijos y las trabajadoras sociales todo lo que esperaban: más de 200 niños han podido acudir a la escuela y vivir con una mayor calidad de vida durante un año más. Y en breve, comenzará otro: Más visitas a las familias, más informes, más reuniones en los colegios, más revisiones médicas…pero sobre todo más cariño, más preocupaciones y más dar de uno mismo sin que nadie lo exija. Una persona puede ir más allá del trabajo, solo si decide ir más allá. Rahel y Yetnayet lo hacen. Encantadas. A fin de cuentas, son las hermanas mayores.

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Selección de participantes en los proyectos de Cooperación Internacional

De nuevo Iñaki Sainz de Rozas Pertejo pide la palabra y colabora con este post.

Iñaki estudió Geografía e Historia en la Universidad Complutense de Madrid, con una especialización posterior en los nacionalismos balcánicos y postsoviéticos.

 Cooperante Iñaki Sainz de Rozas Pertejo


Aprovechando mi participación con vosotras/os y como continuación de mi post ¿Ser cooperante se hace o se nace? me gustaría animaros a continuar con nuestra conversación con el fin de establecer un debate sobre las dudas que tengáis acerca de la realidad del terreno y de la vida cotidiana como personal expatriado.

En este sentido me gustaría ampliar algunos de los temas que ya habéis mencionado en vuestros comentarios durante la última semana y tratar otros.

Con relación a lo que se ha mencionado sobre el “desconocimiento que los beneficiarios tienen de sus necesidades reales” (desconexión de lo que desean los beneficiarios con sus necesidades reales), me parece que es una visión paternalista de la Cooperación.

En pocas ocasiones me he topado con esa disociación. En la mayoría de los casos la población es vulnerable pero sabe perfectamente qué es lo que quiere, o qué es lo que puede esperar de nosotros.

Si alguna vez constatamos que los beneficiarios identificados no tenían claro cómo iban a reducir su vulnerabilidad mediante la ejecución de la estrategia propuesta pudo ser por su desconocimiento sobre la solución técnica propuesta pero, en la mayoría de las ocasiones, esa confusión estaba generada por la falta de comunicación por nuestra parte. En muchos casos se supone que no es necesario comunicar a los beneficiarios la estrategia a seguir para conseguir el objetivo identificado (actitud paternalista y ¡craso error!).

Es necesario hacer partícipe a la comunidad desde el primer momento en la identificación y ejecución del proyecto, en caso contrario la aportación local en el proyecto y la sostenibilidad del mismo están en serio  riesgo. Métodos inclusivos para promover la participación de la población local (beneficiarios y no beneficiarios) puede ser la realización de un análisis participativo de las vulnerabilidades locales (baseline; talleres de Enfoque del Marco Lógico, etc.); la búsqueda conjunta y coordinada de las soluciones (árbol de soluciones), la elección de los criterios para la selección de los beneficiarios (es importante que los que no fueron seleccionados entiendan porqué no lo fueron, de lo contrario podrían actuar en contra del proyecto y generar problemas); así como, una vez identificadas las actividades, compartir con los beneficiarios la relación causa-efecto entre la ejecución de la estrategia seleccionada y la consecución de las expectativas de los beneficiarios. La continua participación de la población local en el diseño del proyecto ayuda a evitar las falsas expectativas que nuestra presencia pudiera haber generado.

Durante mi estancia en El Salvador trabajamos en comunidades con altas tasas de enfermedades diarreicas entre la población infantil, especialmente durante la época de lluvias. A pesar de ello, las comunidades locales ya estaban acostumbradas a estas epidemias estacionales cada año, y apenas les daban importancia, su prioridad (deseo) era reducir la vulnerabilidad económica e incrementar sus ingresos. Tras la realización de un diagnóstico comunitario y familiar pudimos estudiar sus hábitos higiénicos y sus fuentes de ingresos: eran comunidades que nunca habían tenido una solución adecuada a las aguas grises y fecales (letrinas), la costumbre de defecar en espacios abiertos cercanos a las casas provocaba la atracción de zancudos y otros insectos y estaba acompañada de la falta de hábitos saludables a la hora de manipular alimentos o de cuidar a sus hijos (lavarse las manos; cubrir los trastes y la comida si no se utiliza, etc.

Mapa de El Salvador

A la vez mantenían a las gallinas y a los tuncos (cerdos) sueltos por la casa con el fin de eliminar la basura orgánica dispersa por la casa (al no existir ni sistema de recogida de basura, ni prácticas higiénicas saludables), de esta manera el ganado se alimentaba solo y eliminaban gran parte de los desechos que producía la familia. La acumulación de todos estos factores, junto con la aparición de la humedad y la lluvia, potenciaban los vectores transmisores de enfermedades respiratorias y gastrointestinales (IRA y EDA), que impactaban en la economía de las familias más vulnerables, por la compra de medicamentos, y la reducción de las horas de trabajo al tener que emplear días cuidando a los enfermos. El impacto de esta situación estimamos que suponía un mínimo del 20%  en el presupuesto familiar entre gastos inesperados y dinero no ingresado ese mes. Para contrarrestar este impacto, la población practicaba la emigración temporal a la ciudad, o el trabajo infantil: en muchos casos enviaban a los hijos sanos a la zafra (cortar la caña de azúcar), o a realizar labores de ganadería a cuenta ajena, con el subsecuente incremento del absentismo escolar.

Nuestro primer objetivo fue explicarles la relación causa efecto entre:

  1. la falta de soluciones adecuadas a las aguas grises y negras y
  2. la falta de hábitos saludables de higiene, con la transmisión de enfermedades gastrointestinales que lastraban la economía de los más vulnerables.

Tras  el consenso logrado, con ayuda de los líderes tradicionales, propusimos la búsqueda conjunta de soluciones culturalmente y económicamente sostenibles. Tras analizar diferentes tipos de modelos junto con la comunidad (letrinas aboneras; letrinas de arrastre; etc.) finalmente la comunidad eligió por votación la construcción de letrinas de hoyo por su fácil manejo y barato mantenimiento. La colaboración de los líderes tradicionales de la comunidad fue fundamental para lograr la participación de sus integrantes.

Letrina de hoyo seco

El modelo propuesto estaba mejorado con materiales locales con los que se forraban las paredes del pozo, para disminuir el impacto de las filtraciones. El pozo, además, se rellenaba de capas de materiales de diferente grosor recolectados por las comunidades con el fin de filtrar las aguas grises y reducir el impacto sobre las aguas freáticas. El modelo tipo seleccionado podía cubrir las necesidades de una familias de tamaño medio durante dos años. Tras lo cual el pozo se podría cubrir y reaprovechar la losa de concreto, la taza y la caseta.

Para favorecer la aprobación y la participación de la comunidad en el proyecto, propusimos que todas las personas que participasen en la construcción de letrinas serían formadas en albañilería y carpintería por los maestros locales que dirigían la obra, quienes además, seleccionarían a los mejores trabajadores de la comunidad para sus equipos profesionales. La participación de los beneficiarios aceleró la ejecución del proyecto.

Durante la identificación de un proyecto es necesario conocer quiénes son los no beneficiarios y los potenciales perjudicados por nuestra acción. A todos ellos habría también que comunicar nuestra estrategia, en este caso con la ayuda de los líderes tradicionales o de las autoridades locales.

A pesar de que haya una comunicación fluida y coordinación entre los beneficiarios y la ONG, algunos factores exógenos (grupos de interés) que se oponen a nuestra intervención pueden influir negativamente en el desarrollo proyecto. Durante la construcción de sistemas de abastecimiento de agua en comunidades rurales de Centroamérica, observamos que algunas de las familias potencialmente beneficiarias se oponían a nuestra intervención, y azuzaban a los demás beneficiarios en el mismo sentido.

Durante las primeras reuniones la mención del proyecto, que nosotros creíamos adecuado para la comunidad, nos costó algún disgusto y en más de una ocasión tuvimos que salir “por patas” de las comunidades, perseguidos por una turba de machetes sin saber el porqué. Más tarde descubrimos que los beneficiarios que nos amenazaban eran trabajadores de los ganaderos, quienes no vivían en la comunidad pero mantenían un casi monopolio de las fuentes de agua del lugar. Ellos eran el poder en la sombra que se oponía a compartir el agua con las comunidades por miedo a desabastecer al ganado, y azuzaban a sus empleados y a sus familias para que rechazasen el proyecto. Finalmente, con la intermediación de las autoridades locales y la ayuda de los estudios técnicos sobre la calidad y cantidad de agua proveniente de las fuentes identificadas, pudimos llegar a un acuerdo con los ganaderos. El acuerdo estuvo reforzado por la construcción de unos abrevaderos en el que se pudiese almacenar el agua para el ganado y por la creación de una comisión de seguimiento que se encargaba de supervisar que la ejecución del proyecto no disminuía el agua necesaria para el ganado.

Abrevadero para ganado

En muchas ocasiones las soluciones que creemos nosotros adecuadas pueden ir en contra de hábitos y tradiciones culturales y sociales establecidas y herir sensibilidades. En ese caso los proyectos nunca se deberían de “meter con calzador” y forzar en su ejecución, pues de este modo la sostenibilidad no está garantizada. Es necesario negociar con la comunidad y los líderes tradicionales, para sondear la ejecución de las soluciones que creemos más adecuadas. Ahí está la pericia de cada uno para liderar la negociación y saber si será menos costosa una retirada (una retirada a tiempo es una victoria) y la identificación de otros beneficiarios, o continuar con las negociaciones para conseguir un acuerdo y asegurar que éste se cumpla.

Construcción de un sistema de abastecimiento de agua, San Vicente (El Salvador), 2002

Durante mi estancia en el Distrito de Dadu, al sur de Pakistán sufrimos el rechazo inicial de las autoridades tradicionales de algunas aldeas, y de su población masculina, a una potencial intervención que identificamos para fortalecer las capacidades económicas de la mujer (talleres de costura; artesanía; etc.)

Mapa del Departamento de Sindh

 Mapa sur de Pakistán

Las autoridades tradicionales aducían que el papel de la mujer estaba adscrito a las labores familiares y expresaron su rechazo a que pudiesen salir de casa para ir a talleres de aprendizaje, y mucho menos para ir los mercados para hablar con otros hombres.

En resumen lo que nosotros percibíamos como vulnerabilidad, la población local lo veía como normal, y para ellos el peso de la tradición se imponía al potencial económico de las mujeres. Nosotros replicamos que nuestro papel no era generar problemas intrafamiliares sino apoyar a las familias más vulnerables, pero que si la voluntad de las aldeas era la contraria nosotros nos iríamos de allí no solo con el proyecto de costura y marketing sino con el resto de proyectos para los que esas aldeas habían sido preseleccionadas (construcción de letrinas; salud comunitaria; distribución de insumos agrícolas; etc.)

Finalmente se llegó a un acuerdo con las autoridades tradicionales para el empoderamiento femenino, en dicho acuerdo las autoridades locales tenían el derecho de supervisión del proyecto y de opinión sobre todo aquello que creían iba en contra de las costumbres locales con el fin de buscar posibles estrategias alternativas.

La ejecución del proyecto estuvo supervisado por reuniones periódicas (cada semana / quince días) entre los beneficiarios, las autoridades tradicionales y la Cruz Roja, durante las que se fueron limando muchas asperezas. Las reuniones sirvieron para acercar posturas y establecer una forma en la que las mujeres venderían sus productos sin contravenir las reglas locales.

Distribución de máquinas de coser a mujeres vulnerables

Para finalizar esta entrada al igual que en otra ocasión insistí en la empatía necesaria con el equipo local, me gustaría recalcar la necesidad de por un lado identificar a todos los actores a los que nuestra potencial intervención pueda influir, tanto negativa como positivamente, y mantener una comunicación fluida con todos ellos durante la identificación y ejecución del proyecto para conocer sus opiniones.

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Octavo aniversario del Terremoto de Haití

En estos días, aunque con menor intensidad, Haití vuelve a la palestra, y a ser foco informativo con motivo del octavo aniversario del devastador terremoto de más de 7 grados en la Escala de Richter, ocurrido el 12 de enero de 2010 y cuyo epicentro se situó a apenas 15 kilómetros de su capital Puerto Príncipe.

Este seísmo, fue el más fuerte registrado en la zona desde 1770 y percibido en países cercanos como la República Dominicana, Cuba y Jamaica.

Los efectos causados sobre este país, el más pobre del continente americano, fueron devastadores. Los cuerpos recuperados a fecha de 25 de enero de 2010 superaban los 150.000, calculándose que el número de muertos excedería los 200.000. Los datos definitivos de los afectados fueron dados a conocer por el primer ministro haitiano Jean-Max Bellerive en el primer aniversario del seísmo, el 12 de enero de 2011, conociéndose que habían fallecido 316.000 personas, 350.000 más quedaron heridas, y más de 1,5 millones de personas se quedaron sin hogar, con lo cual, es una de las catástrofes humanas más graves de la historia.

Según los Informes de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de 2010  y 2014 , respectivamente, debemos recordar que en 2010, Haití ocupaba el puesto 145, sobre un total de 169 países, en la clasificación del Índice de Desarrollo Humano, formando parte del grupo de países con Desarrollo Humano Bajo. Estaba situado entre Senegal y Angola.

En 2014, Haití cayó hasta el puesto 168, sobre un total de 187 países, situándose entre Togo y Afganistán.

Algunos datos significativos registrados en 2010 son:

Con aquellos indicadores y realidad, no es de extrañar las gravísimas consecuencias de ese terremoto.

Seguro que la mayoría, aún tenemos en la retina la imagen del Palacio Presidencial parcialmente destruido en Puerto Príncipe, que sirve como metáfora de la destrucción de una parte importante del país.

Una catástrofe natural como lo es un terremoto, un ciclón, un huracán, etc. no tiene las mismas consecuencias dependiendo del lugar dónde ocurra, ni afecta por igual a toda la población y esto tiene que ver con el grado de desarrollo de esa sociedad, con sus capacidades, con su vulnerabilidad, términos que según el Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo de la Universidad del País Vasco y Hegoa  se definen como:

  • Capacidad son las opciones que una persona puede elegir de cara a realizar acciones o alcanzar estados de existencia con los que conseguir el bienestar o afrontar un desastre.
  • Desastre es una “grave perturbación del funcionamiento de la sociedad, que causa amplias pérdidas humanas, materiales o medioambientales, que exceden la capacidad de la sociedad afectada para afrontarla utilizando sólo sus propios recursos” (UNDHA, 1993:21). Esta perturbación suele estar concentrada en el tiempo y el espacio. El desastre se produce como consecuencia de un proceso de crisis que es desencadenado por una catástrofe, al actuar sobre una determinada situación de vulnerabilidad preexistente, cuando la comunidad o sectores afectados no disponen de las capacidades necesarias para ejecutar las estrategias de afrontamiento con las que resistir a tal proceso. De esta forma, la interrelación entre tales factores se podría expresar con la siguiente fórmula:
  • Desastre = vulnerabilidad + catástrofe
  • Vulnerabilidad es el nivel de riesgo que afronta una familia o individuo a perder la vida, sus bienes y propiedades, y su sistema de sustento (esto es, sus medios de vida) ante una posible catástrofe. Dicho nivel guarda también correspondencia con el grado de dificultad para recuperarse después de tal catástrofe (Pérez de Armiño, 1999:11).
  • El actual concepto de Desarrollo se sitúa en la preocupación por la erradicación de la pobreza o, en un sentido más amplio, el desarrollo social, y la especial atención a las personas como destinatarios principales de los beneficios del desarrollo, pueden señalarse como las principales características y novedades que comparten las conclusiones de sucesivas conferencias internacionales.

La respuesta internacional no se hizo esperar, aunque es verdad que por parte de los estados hubo más anuncios de contribuciones económicas, de las que realmente se produjeron o materializaron.

En España la respuesta por parte de las ONG fue inmediata gracias a cientos de miles de aportaciones de las donaciones de particulares, empresas, fundaciones y administraciones y en muchos casos las intervenciones han tenido en cuenta el Enfoque Basado en Derechos Humanos (EBDH) como piedra angular de sus respectivas estrategias de intervención de cooperación, lo que se traduce en el refuerzo de sus aportaciones priorizando:

  • Sobre las personas y ciudadanía en general afectada por la catástrofe, que son la razón de ser de la cooperación y a los que deben ir dirigidas las actuaciones. El EBDH contribuye a situarlos en el centro de las intervenciones, como protagonistas que deben tomar sus decisiones y dotar de contenido sus derechos.
  • Sobre las políticas y planes de desarrollo de los países en los que se llevan a cabo actuaciones. Normalmente éstas se llevan a cabo a través de la organización nacional contraparte que es la que debe tener interlocución con las instituciones nacionales.

A título de ejemplo, quiero destacar el trabajo y la labor efectuada por Cruz Roja Española en Haití, con el despliegue de personal nacional e internacional para poder hacer llegar acción humanitaria desde el primer momento como la distribución de agua potable, saneamiento y promoción de higiene en los campos de desplazados en Puerto Príncipe.

Durante los días posteriores al terremoto, Cruz Roja comenzó a trabajar para proveer agua potable y saneamiento, letrinas y otras pequeñas infraestructuras a 22 campos de desplazados, llegando a cubrir las necesidades de más de 100.000 personas. A día de hoy, se continúa trabajando para que la población tenga acceso regular al agua potable.

Tras la catástrofe, y habiendo dado respuesta a las necesidades más urgentes, se han desarrollado más de 60 proyectos englobados dentro de su Plan de Acción 2010 – 2015 en Haití, con los que se ha mejorado la situación de la población. Uno de estos proyectos se trata de la construcción de más de 4.400 alojamientos progresivos (viviendas) en 14 comunidades de Léogâne.

Por otro lado, se ha realizado la rehabilitación y construcción de distintas infraestructuras socia­les tales como centros de salud y escuelas en zonas muy vulnerables, y algunas de muy difícil acceso. En total, se han construido o rehabilitado un centro de salud y 10 escuelas en Léogâne y Jacmel y otras dos se finalizaron durante 2016.

La escuela “Lycée Anacaona”, inaugurada el 5 de diciembre de 2014 es una de ellas, y destaca por ser el único centro público de Educación Secundaria en todo Léogâne, dotado de 26 aulas con capacidad para un total de 2.600 alumnos. Además, se ha construido un centro de salud en Léogâne.

También, se ha trabajado en la recuperación de medios de vida como la agricul­tura o el apoyo a emprendedores para lograr el desarrollo económico y mejorar las capacidades productivas y de generación de ingresos de la población afectada por el terremoto, más de 10.000 personas han visto mejorados sus medios de vida gracias a este proyecto.

Otro de los proyectos está basado en la capacitación de las familias para que estén mejor preparadas ante futuras catástrofes. Este proyecto, realizado con el apoyo de ECHO (Oficina de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea), pretende empoderar a las comunidades para que sean capaces de actuar antes, durante y después de un desastre.

El Plan de Acción también contempla la formación en la prevención de enfermedades como el cólera a través de la Promoción de hábitos de higiene, proyecto que ha beneficiado a alrededor de 19.000 personas y que se extendió hasta el mes de noviembre de 2015.

Se sigue trabajando de cara al futuro con un convenio con la AECID para garantizar el acceso al agua y saneamiento en el sudeste del país.

Otro aspecto importante es el desarrollo y fortalecimiento de su contraparte con apoyos técnicos y materiales, la Cruz Roja Haitiana, que se ha consolidado en el país y que centra su actividad en tres pilares: donación de sangre, salud y preparación ante desastres.

Y como bien decía el gran Forges en sus viñetas “Pero no te olvides de Haití” y yo añado, ni de los refugiados, ni de Nepal, ni de Siria ni de otros tantos conflictos o situaciones humanitarias que requieren de una acción inmediata.

Referencias:

Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo de la Universidad del País Vasco y Hegoa

Enfoque Basado en Derechos Humanos

Los Derechos humanos y el desarrollo: hacia un camino compartido. Manuel Gómez-Galán

Terremoto Haití Wikipedia

Cruz Roja Española